El despertador sonó cuando aún el cielo estaba cubierto de sombras. Brooke abrió los ojos sin sobresalto; ya estaba despierta mucho antes de que la alarma sonara. Los turnos de urgencias habían afinado su reloj interno a un nivel casi quirúrgico.
Se incorporó en la cama y dejó escapar un suspiro. Era lunes, lo cual significaba un turno completo en el hospital. Y aunque su cuerpo sentía el cansancio acumulado, su mente agradecía esas horas de trabajo donde todo se reducía a una sola cosa: salvar