La mañana había amanecido templada, con un cielo despejado que poco tenía que ver con el torbellino que aún habitaba dentro de Brooke. El jardín trasero de la casa —el mismo que tres años atrás apenas había pisado— se había convertido en su pequeño refugio desde el regreso de Aleksei.
Caminaba despacio por el sendero de piedra que serpenteaba entre los rosales. El aroma suave de las flores y el canto de los pájaros eran un contraste doloroso con el peso que aún llevaba en el pecho. Llevaba un v