La cena fue un ritual tenso. Cada gesto, cada palabra, parecía medido. Aleksei apenas habló, y cuando lo hacía, su tono era cortante, seco. Brooke lo ignoró en la medida de lo posible, centrando su atención en Lía y en Aaron, que intentaban aligerar el ambiente con conversaciones triviales.
Pero no había nada trivial en la mirada de Aleksei. Ni en la forma en que su atención se detenía, una y otra vez, en cada movimiento de Brooke.
Cuando por fin la mesa quedó despejada, Brooke se excusó con vo