El lunes amaneció gris y húmedo, como si Nueva York reflejara el estado emocional de Brooke. La lluvia repiqueteaba contra los cristales mientras ella se preparaba para ir a clase. Llevaba auriculares puestos, pero no escuchaba realmente la música. Su mente no dejaba de repasar la conversación en el coche con Aleksei, la forma en que la había detenido con solo una mano. Cómo su voz se había grabado en su memoria, rasposa, firme, cargada de deseo contenido.
Había pasado el fin de semana intentan