El precio del perdón (4ta. Parte)
Dos días después
Málaga
Ramiro
Ese día, en las afueras de los tribunales, me negaba a aceptar que aquello fuera el final. Aun esposado, confiaba en que con unas cuantas llamadas estaría libre en horas; sin embargo, los días pasaron y nada cambió el panorama. El inútil de mi abogado, Guerra, repetía su discurso ensayado como un autómata:
—Señor Del Valle, hay muchas pruebas y testigos confirmando los cargos. Encima la causa tomó un giro distinto: el cargo de tentativa de homicidio en contra de C