Lo que dicta el corazón (1era. Parte)
Unos días después
Ibiza, España
Camila
A pesar de la realidad brutal que se dibujaba sobre Iván, me negaba a aceptar que él seguiría preso. Mi padre, que conocía mi obsesión, fue claro: no quería que yo me consumiera por él, que olvidara vivir. En esa época yo no quería escuchar razones; no podía soportar la idea de abandonarlo. Reuniendo la mayor sinceridad que encontré le hablé sin filtros mientras lo veía agitar la salsa en la cazuela, como quien trata de normalizar lo imposible.
—Papá, sé q