El precio del perdón (2da. Parte)
Unos días después
Málaga
Camila
Fue un enorme riesgo chantajear a Cuesta, pero si con ello podía encarcelar a Ramiro, valía la pena. Aun así, tratar con un hombre sin escrúpulos —capaz de venderle el alma al diablo— era sostener una granada en la mano, a punto de estallar. No lograba descifrar esa mirada enigmática; solo podía apelar a sus ansias de poder y a su miedo a perderlo para negociar.
El silencio entre nosotros era palpable; yo repetía mentalmente el plan mientras observaba el video po