El precio del perdón (1era. Parte)
El mismo día
Málaga
Iván
Todo se me vino abajo cuando sentí las esposas frías apretando mis muñecas; fue como si la poca esperanza de justicia se desvaneciera al entrar en la patrulla. Esta vez la humillación pesaba más que la primera detención: yo mismo había mentido sobre mi identidad por venganza. Estaba jodido y solo un milagro me sacaría de una larga temporada en la cárcel. Aun así, lo que más dolía era no poder estar junto a la mujer que amaba.
Las horas siguientes se me hicieron tarán de