El aire nocturno de la terraza me golpea cuando salgo del salón luego de la cena. Es un alivio momentáneo, una escapatoria de las conversaciones forzadas y las sonrisas falsas que me han rodeado toda la velada. La brisa acariciaba mi rostro y me hace sentir más ligera y a la vez frágil, como si cualquier pensamiento negativo pudiera arrastrarme al vacío. Apoyo mis manos sobre la baranda de madera, mirando el cielo nocturno, como si el mundo entero quisiera recordarme que, aunque algo termina, s