Los días pasaron, y por fortuna, el pequeño Max se había recuperado satisfactoriamente. Su cuerpo no había rechazado el riñón y, por el contrario, su salud era cada vez mejor. La noticia de su alta llenó la habitación del hospital de alivio. Al enterarse de que finalmente volverían a casa, una pregunta inocente salió de la boca de Max.
—Papá, ¿cuándo volveré a ver a la señora bonita?
Alexander intentó cambiar el tema, pero su hijo insistió. A Alexander no le quedó más remedio que prometerle que