Después de la llamada, Alexander y yo quedamos de vernos en un prestigioso restaurante de la ciudad. Cuando se lo conté a Melania, la emoción llenó su rostro. Era la oportunidad que había estado esperando. Le dije que me sentía intrigada por lo que quería Alexander, pero ella me aseguró que no tenía nada de qué preocuparme. "Tienes mucho que ganar con esta cita", me aseguró, con una sonrisa cómplice.
—Tienes que estar deslumbrante —me dijo, mientras revisaba su guardarropa—. Muy hermosa, para