Alan soltó un grito desesperado. El ardor en sus ojos era insoportable. Mientras él se quejaba, Melania no dudó ni un segundo en llamar al personal de seguridad. Inmediatamente, dos guardias se acercaron, y empezaron a cuestionar lo que estaba pasando.
—¡Este tipo atacó a mi amiga! —dijo Mel, sin dudar.
—¡No es cierto! —rugió Alan, aún con los ojos cerrados—. Ella es mi mujer y está mintiendo.
Melania lo enfrentó con una mirada fría.
—Miren la cara de mi amiga, ¿no es suficiente evidencia? Este