El golpe seco que Alexander le propinó a Alan resonó no solo en el jardín, sino en toda la propiedad Richmond. Fue el estallido final de una tensión insoportable. Yo, que había estado conversando con Margaret a pocos metros, sentí la adrenalina dispararse al escuchar los gritos.
El escándalo de la pelea era innegable. No pasó mucho tiempo antes de qué los Richmond, el personal de la casa y los equipos de seguridad de ambos hombres llegaran.
Karoline fue la primera en irrumpir, corriendo con esa