Los días transcurrían en una dualidad extraña. Por un lado, la calma había regresado a la vida pública; por el otro, la tensión subterránea entre los bandos de Alexander y Alan se hacía más densa con cada hora que pasaba. Alexander y yo continuábamos con los preparativos de nuestra boda. El día siguiente estaba marcado en el calendario para una de las citas más emocionantes: la prueba de mi vestido de novia.
Aquella tarde, mientras revisábamos la lista de invitados en el despacho de Alexander