Mundo de ficçãoIniciar sessãoSoñaba con un cuento de hadas. Él convirtió su sueño en un contrato despiadado. Olívia Bittencourt era administradora en la empresa de ingeniería de su padre. Romántica y dedicada, siempre soñaba con formar una familia, y creía haber encontrado ese futuro al lado de su novio. La noche en que decidió entregarse, fue drogada por su propio novio, quien planeaba "vender" su virginidad al jefe a cambio de un ascenso. Pero un intercambio de suites lo cambió todo: Olívia terminó en los brazos de un CEO frío, adicto a las mujeres, que no creía en el amor ni en el para siempre. De esa noche prohibida nació un embarazo inesperado. Desesperada por salvar a su hermano de las garras de los prestamistas y proteger a su padre cardíaco, Olívia usó la tarjeta que quedó de aquella noche para pagar la deuda… y terminó en manos de Liam Holt. Él necesitaba casarse y tener un hijo legítimo para heredar la fortuna de su abuelo y mantener el imperio; ella no tenía otra salida. Presionada, aceptó un matrimonio por contrato de un año, fingiendo ser la esposa perfecta del multimillonario. Entre odio, deseo y secretos, Olívia descubrió que era imposible fingir para siempre… y que ese contrato podía ser su prisión o el camino hacia un gran amor.
Ler maisElla se volteó, sorprendida. Por un instante, el corazón de Olívia se aceleró, imaginando que podría ser alguien relacionado con Liam. Pero, al ver el rostro frente a ella, todo en ella se suavizó.—¡André! —exclamó, abriendo una sonrisa genuina que iluminó su semblante cansado—. No lo puedo creer... ¡cuánto tiempo!El muchacho, alto, con los mismos ojos expresivos de la época de la universidad, sonrió de vuelta y abrió los brazos.—¡Apenas lo creí cuando te vi! —dijo, riendo, antes de abrazarla con el cariño de quien compartió buenos años de vida—. No cambiaste nada, sigues hermosísima.—Ah, para, son tus ojos —respondió Olívia, riendo levemente—. ¿Y tú? ¿Por qué desapareciste? El grupo organizó varios encuentros y nadie podía encontrarte. Desapareciste de las redes, del planeta...André se rascó la nuca, medio avergonzado.—Borré todo. Sabes que nunca fui fan de las redes sociales. Y terminé lleno de trabajo —explicó—. Mi papá abrió una sucursal de la empresa en Madrid y fui a
Olívia suspiró, negando con la cabeza.—Ahora entiendo tu forma de ser. ¡Pero eso es peligroso! —dijo, bajando la voz, el tono más firme—. ¡Te metes con gente que ni conoces! Y si algún día sale mal, ¿quién te va a salvar? ¿Tu novio lo acepta tranquilo?Ísis soltó una risita corta, pero la mirada se mantuvo seria.—Sé cuidarme, Olívia —respondió firme—. ¿Y sabes qué? Soy buena en eso. Sé escuchar, sé interpretar. A veces los tipos solo quieren conversar, ¿lo crees? Quieren alguien que finja que le importa. Que les dé atención, principalmente cuando quieren quejarse de las esposas. Ese es un buen nicho de negocio, ¿sabías? ¡Y no tengo novio, soy viuda!Olívia se quedó en silencio por algunos segundos, intentando asimilar todo. Después, se arregló el cabello y disimuló el tono, cambiando de tema.—¿Entonces es para eso que vas esta noche? —preguntó, fingiendo curiosidad, como quien quería quitar el foco de sí misma.—Exactamente —respondió Ísis con sinceridad—. Un cliente nuevo. Pa
Olívia parpadeó, incrédula.—Ahora sí tienes tiempo para hablarme, ¿verdad, marido? —replicó con ironía, el veneno escapando en cada sílaba—. Porque hasta hace poco, era como si no existiera. ¿Pero adivina qué? —soltó una risa seca—. Ahora la ocupada soy yo. Vuelve a divertirte con tus zorras.Y antes de que él pudiera responder, ella terminó la llamada.El silencio llenó el auto. Ísis abrió los ojos de par en par, la mano sobre la boca, sofocando una risa nerviosa.—¿Le colgaste en la cara? —preguntó en shock—. Tú, en cuestión de poco tiempo, de mujer romántica te volviste la mujer vengativa. Guau, estoy en shock ahora. Y me pregunto si esto son las hormonas del embarazo o celos.Olívia bufó, tirando el celular en la bolsa.—Para tener celos tiene que haber amor. Esto es rabia. ¿Qué gané hasta ahora siendo una mujer romántica, correcta? —preguntó indignada y enseguida respondió—. Cuernos. Tal vez siendo una mujer enojada tenga más suerte —dijo y miró hacia la ventana—. ¿Puedes c
Olívia no respondió, pero el llanto se volvió más intenso, el pecho subiendo y bajando en un ritmo pesado.—Llora, anda —insistió Ísis en un susurro—. Saca ese nudo que te está sofocando. Nadie aquí te va a juzgar —esbozó una pequeña sonrisa triste—. Y mira... puedes confiar en mí. Sé guardar secretos mejor que recetas —hizo una pausa corta, la mirada firme—. Él no va a saber nada. Si ese es tu miedo. Solo quiero ayudarte.La voz de ella era una mezcla de levedad y convicción, un equilibrio raro entre la fuerza de quien ya vio mucho dolor y la dulzura de quien todavía cree que el cariño cura.Olívia lloró por un buen rato. Cuando logró calmarse, se limpió el rostro con el pañuelo que Ísis le extendió y habló con voz débil.—Sé que quieres ayudar, y te lo agradezco de corazón. Pero hay cosas que no tienen solución, ¿sabes? Solo aprendemos a aceptar. Principalmente cuando tomamos actitudes en el calor del momento. Sin pensar en alternativas.Ísis la miró con expresión triste pero fi
Vânia dudó por un momento, el semblante suavizándose, como quien pisa en terreno delicado.—Eso... solo él puede contártelo, mi niña —respondió en un tono sereno pero lleno de significado—. Lo que puedo decir es que nadie se cierra de esa forma sin motivo.El silencio de la cocina se extendió por algunos segundos, hasta que el mayordomo entró sosteniendo el celular.—Vânia, ya hice la lista de lo que falta en la despensa. Voy a resolver unas órdenes del señor Liam y después paso por el supermercado. ¿Necesitas algo?Él levantó la mirada y vio a Olívia sentada a la mesa.—Buenos días, señora —dijo, asintiendo con la cabeza—. ¿Desea que compre algo específico?Olívia lo observaba desde que entró.—No, muchas gracias. ¿Cuál es su nombre?—Thomas, señora.—Thomas —repitió en un tono cordial—, quiero agradecerte por haberme defendido... y pedirte disculpas, pues Bárbara fue grosera contigo. No admito faltas de respeto con los empleados. Y, por favor, no necesitas decirme "señora".
Olívia soltó un suspiro, caminando hasta el closet. Tomó la lencería y comenzó a vestirse, la voz saliendo en un tono que Ísis podía escuchar, pero cargado de amargura.—Toda la vida soñé con algo... y simplemente no sucedió —dijo con lágrimas rodando por el rostro—. Creo que, en algún momento, la ficha cae de la forma más cruel y muestra que los cuentos de hadas no existen. Lo que existe es el mundo real y las elecciones que hacemos —ajustó la lencería, intentando respirar hondo—. A veces, esas elecciones nos empujan a situaciones que nunca quisimos vivir. Y entonces solo queda seguir, un día a la vez, aprendiendo a no confiar tanto en las personas —hizo una pausa corta—. Y no hablaste de más, Ísis. Realmente me... decepcioné con algunas personas.Ísis cruzó los brazos y respondió en tono divertido.—Doña Olívia, perdóneme, ¡pero la señora es muy emotiva! —dijo, riendo—. ¡Necesita volverse una princesa bloguera y hacer memes de todo, mujer! ¡Así sufre menos y hasta gana seguidores!
Último capítulo