La noche era un manto silencioso cuando Aurora tomó la decisión más dolorosa de su vida. Empacó unas cuantas cosas en una pequeña maleta y se sentó frente al escritorio, temblando. La hoja en blanco parecía observarla, esperando las palabras que ella no quería escribir. Cada trazo dolía, cada letra era una herida.
«Mi amor —comenzó—, estar contigo ha sido lo más hermoso que la vida pudo regalarme, pero no puedo seguir arrastrándote a mi infierno. Estar conmigo es tener una bomba de tiempo en la