Habían pasado tres días desde que el mundo, tal como lo conocía, se fracturó para revelar una verdad que todavía me costaba procesar. La existencia de Tiffany era una herida abierta que supuraba esperanza y terror a partes iguales. En la mansión King, el ambiente era eléctrico, cargado de una tensión que se podía cortar con un cuchillo. El equipo de seguridad de Alexander, liderado por Robert, no había pegado el ojo, trazando rutas, analizando la seguridad de la fortaleza de Billy Hamilton y bu