La mañana se filtró por las persianas de la habitación con una suavidad que contrastaba con la tormenta de emociones que habíamos vivido horas antes. Me desperté sintiendo su respiración pausada contra mi nuca. Por un breve momento, en ese rincón de paz absoluta, pude olvidar que el mundo fuera de estas paredes conspiraba para mantenernos alejados de mi pequeña hija.
Alexander se removió, sus brazos se apretaron un poco más alrededor de mi cintura antes de dejar un beso cálido en mi hombro des