Victoria permaneció dentro del coche, observando al hombre que tenía frente a ella. El callejón oscuro parecía tragarse la poca luz que quedaba, y el silencio se volvió más espeso cuando ella habló.
—Necesito que acabes con alguien, quiero que parezca un accidente —dijo con frialdad, sin rodeos—. Pero tiene que ser un trabajo preciso, lo suficiente para que nadie sospeche, y lo más importante, tiene que ser letal. Esa mujer tiene que morir.
El tipo arqueó una ceja, como si aquella petición fue