Las puertas de la mansión King se abrieron para recibir a Max y a Aurora que regresaban del parque. Aurora entró primero, con las mejillas aún sonrosadas por el aire fresco, y detrás de ella irrumpió Max como un pequeño huracán de energía, quitándose la chaqueta a medio camino.
—¡Papá! ¡Papá! —gritó el niño mientras corría hacia el salón—. ¡Mamá me llevó al parque y vimos patos y un perro gigante que se llamaba Brutus y mamá me dijo que voy a ir a hablar con una señora muy buena que me va a a