La noche en la mansión King fue silenciosa, pero el silencio estaba cargado de la angustia no dicha. Alexander despertó varias veces, atormentado por la conciencia de la amenaza que Victoria representaba. A la mañana siguiente, se levantó temprano, dejando a Aurora durmiendo plácidamente. Se dirigió de nuevo al despacho, donde la luz matutina se filtraba a través de las cortinas. Encendió su computadora, su mente ya enfocada en cómo defenderse de las inminentes argucias de Victoria. Lo que le