El aire en la carretera parecía haberse congelado, atrapado entre el aliento entrecortado de Alan y los latidos erráticos de mi propio corazón. Lo miré fijamente, sintiendo una mezcla de rencor y una compasión amarga que me quemaba la garganta. Alan Harris, el hombre que una vez fue un titán en mi vida, ahora era una carcasa vacía, un hombre que se desmoronaba frente a mis ojos mientras me pedía algo que, en otro tiempo, hubiera sido mi mayor deseo y que hoy me resultaba inaceptable.
—No, Ala