**ANDREA**
De regreso al auto, Santiago me quita las llaves con una media sonrisa y una mirada cargada de travesura.
—Voy a manejar yo —dice, extendiendo la mano.
Le entrego las llaves sin decir una palabra, pero no puedo evitar sonreír. Subimos al auto, y apenas pone en marcha el motor, siento su mano deslizarse sobre la mía. No dice nada, solo entrelaza nuestros dedos mientras con la otra conduce.
Miro por la ventana, el paisaje pasa borroso, pero reconozco el camino. Sé hacia dónde vamos.
Cu