—Andrea… ¿qué crees que me esté ocultando?
Lo miro detenidamente, y por primera vez en mucho tiempo, veo algo distinto en él. Es duda, vulnerabilidad.
Me acerco un poco más, sin perder la sonrisa. Le doy un suave golpe en el brazo, uno de esos gestos que usamos cuando queremos romper la tensión sin decir demasiado.
—Tranquilo —le digo, con voz serena—. Lo sabremos cuando venga… para el día de mi boda.
Sus ojos se levantan de inmediato, como si mis palabras hubieran sido un disparo directo a su