**ANDREA**
—Hola, mami... nos volvemos a ver —dice una voz suave, tierna, como un susurro que se cuela entre el viento y me atraviesa entera.
Miro a mi alrededor, envuelta en un paisaje que parece tejido de sueños: campos infinitos de lavandas se extienden en todas direcciones, entonces lo veo.
Un niño, de unos seis años, con esos ojos inmensos llenos de luz que me recuerdan a Santiago, aunque en la forma redondeada de sus pómulos y en la curva dulce de su boca, me descubro a mí misma, como si