**SANTIAGO**
Un mes después.
Estoy aquí, en el altar, con las manos ligeramente temblorosas y el corazón latiendo con una intensidad que me retumba en los oídos. Las flores blancas, las luces cálidas, los bancos repletos de personas que han sido testigos de nuestra historia… todo es perfecto. Pero nada se compara al momento que estoy a punto de vivir.
Mi respiración se corta cuando el coordinador de la ceremonia dice, con voz firme:
—Aquí entra la novia.
Y entonces, el tiempo se rinde. Todo se