Sus ojos pesaban horrores y sus párpados se negaban rotundamente a elevarse.
Su cuerpo se sentía exhausto y su mente confundida sólo le enviaba pequeños retazos de cosas que ni siquiera tenían un ápice de sentido.
Lo único que no le resultaba confuso era aquella calidez a la que se aferraban sus brazos con más fuerza de la que realmente sentía, pero que era lo único que no permitía que cayera nuevamente al abismo.
Respiró hondo y con mucho esfuerzo, obligó a su cuerpo entero a obedecer, sin imp