Adhara se sentía en las nubes...
Cada vez que recordaba su atrevimiento sentía el calor abrasador subir por sus mejillas, las cuales estaba segura se encontraban de color carmín sin necesidad de maquillaje al igual que sus orejas, siempre dispuestas a delatarla.
Respiró hondo y sacudió la cabeza, tratando de alejar aquellos pensamientos que con cada segundo que pasaba se volvían menos decentes y se encaminó a la pequeña cocina, dispuesta a darle otra cosa en la cuál pensar a su mente atribulada