Mattia observaba el pequeño reloj que se encontraba en la mesita de noche con tanta atención que incluso parpadear le parecía innecesario, aún cuando sus ojos lagrimeaban suplicando por un breve descanso.
Apenas marcaba las nueve y parecía que se había detenido por completo pues cada segundo se parecía más a una hora.
Sabía que Adhara no volvería sino hasta aproximadamente la media noche y ahora más que nunca anhelaba que el tiempo corriera de prisa y que los minutos se tranformaran en horas al