Adriano observaba su celular con tanta atención que parecía que el aparato se había convertido en algo sumamente precioso y de valor incalculable.
Sus dedos picaban por escribir cualquier cosa en aquel chat solamente para convencerse de que todo aquello era real y no producto de su deteriorada imaginación.
- ¿Señor?.- Una voz llamó desde el umbral de la puerta, desviando su atención del aparato.
- ¿Pasa algo Nicolá?.- Adriano preguntó un poco aturdido, sacudiendo su cabeza para salir por completo de su ensimismamiento.
El fiel guardaespaldas de su hermano lo observó con detenimiento, tratando de descifrar lo que pasaba por la cabeza de su joven señorito.
Un sentimiento de culpa comenzó a adueñarse de su interior... Si tan sólo aquella noche hubiera insistido más quizás las cosas no habrían terminado así.
Tal vez Mattia no habría desaparecido sin dejar rastro y no tendría que ver aquella cara de ansiosa angustia en el rostro de Adriano las veinticuatro horas del día, los siete días de