Adhara limpió el sudor que perlaba su frente y que goteaba lentamente por su nariz, maldiciendo internamente al verse sola fregando pisos.
Era el día libre de Rosario y gracias a su estado deplorable de salud y el conflicto anterior, últimamente había estado faltando al trabajo y la latina había tenido que cargar con la responsabilidad de ambas.
Era plenamente consciente que la pobre mujer merecía un respiro, pero eso no disminuía su fatiga y descontento.
Miraba el reloj en la pared cada cuánto