La mañana del encuentro con Ethan, Amatista y Santiago llegaron al edificio con nerviosismo, pero también con esperanza. El contrato ya estaba listo, como había prometido Ethan. Al llegar, los recibieron con una sonrisa profesional, entregando las llaves y el contrato que ambos firmaron sin pensarlo dos veces. Santiago hizo el pago inicial de inmediato, y con una cortesía que ya era su sello, Ethan les deseó éxito en este nuevo proyecto.
—Lo mejor está por venir —dijo Ethan, antes de retirarse,