La mañana llegó con una bruma suave sobre el lago, pero dentro de la casa, la atmósfera estaba cargada de una tensión expectante. Hoy no era un día para rutinas titubeantes o conversaciones cautelosas. Hoy era el día en que el futuro de Felipe sería diagnosticado no por médicos rurales sobrecargados, sino por la élite de la medicina pediátrica mundial.
Una clínica privada en la capital del sur, discreta y equipada con tecnología que parecía sacada de una película de ciencia ficción, fue el luga