Enzo regresó a la mansión Bourth con el rostro endurecido por la frustración. Cada paso que daba hacia su habitación parecía más pesado, como si el aire a su alrededor estuviera cargado de preguntas sin respuesta. Había pasado horas interrogando al hombre capturado, pero todo lo que obtuvo fue información incompleta y pistas vagas. La camioneta amarilla, el galpón en las afueras de la ciudad, el pago dejado como un premio... todo apuntaba a un plan meticulosamente calculado. Pero lo que más lo