Lejos de la mansión Bourth, Martina y Hugo Ruffo se encontraban en un paraje apartado, un lugar que les proporcionaba la privacidad que necesitaban para hablar sin sospechas. Martina caminaba de un lado a otro, su rostro reflejando una mezcla de frustración y determinación, mientras Hugo permanecía apoyado contra un árbol, observándola con cautela.
—Aunque lo de la carta no funcionó como esperábamos, no podemos detenernos aquí. Haré que envíen otra, pero esta vez la cambiaré de lugar. No quiero