En la casa donde Amatista estaba retenida, la tensión aumentaba con cada día que pasaba. Lucas, sentado en su vieja silla, observaba inquieto mientras ella trataba de mantenerse tranquila, consciente de que cada acción y palabra podía ser crucial. La tranquilidad se rompió cuando dos hombres entraron abruptamente en la habitación. Eran diferentes a Lucas, con miradas frías y movimientos calculados que dejaban claro que estaban acostumbrados a imponer su voluntad.
—Escribe una carta para tu espo