El tiempo transcurrió como una ráfaga de viento implacable.
Los días se convirtieron en semanas, y las semanas en meses.
Amatista se dedicó por completo a sus hijos.
Renata y Abraham crecían rápido.
Cada día que pasaba, aprendían algo nuevo.
Sus primeras palabras, sus primeros pasos…
Amatista no quería perderse nada.
Pero Enzo no estaba allí para verlo.
Desde la noche en la que Alessandro Castelli apareció en la mansión, todo cambió.
Enzo y Roque se sumergieron en un juego de estrategia peligro