El letrero de la tienda de comestibles del pueblo, "Almacén El Buen Vecino", era el centro de todos los chismes. Hoy, el tema era la noticia que había recorrido como un reguero de pólvora los grupos de mensajería de los pescadores y granjeros.
—¿Oyeron? —dijo el dueño, Héctor, limpiando el mostrador con un trapo sucio—. Los hermanos Salvetti, esos mafiosos de la ciudad, ofrecen una recompensa. Diez millones. Por una mujer.
Los parroquianos murmuraron, impresionados por la cifra.
—¿Qué mujer? —p