ISABELLA
El bebé no es tuyo.
Las palabras salieron de mi boca y, aunque las escuché con claridad, aunque sentí cómo me atravesaban como un cuchillo, me parecieron ajenas, como si hubiera sido otra persona quien las pronunciara. Durante un instante Damián simplemente me miró, inmóvil, sin reaccionar, sin comprender, con la esperanza todavía suspendida en su rostro, incapaz de aceptar lo que acababa de escuchar.
—¿Qué? —su voz fue apenas un susurro, frágil, incrédulo.
Aparté la mirada porque sabí