ISABELLA
No fue la primera vez ni la segunda. Llevaba días observando su contacto en el teléfono, escribiendo mensajes que terminaba borrando antes de enviarlos porque no sabía qué decirle. ¿Que había perdido al bebé? ¿Que nuestro hijo ya no estaba? ¿Que lo necesitaba? ¿Que a pesar de haberlo alejado seguía siendo la única persona en el mundo con la que quería llorar? Al final escribí algo simple: Necesito hablar contigo. Lo envié y esperé. Una hora. Dos. Nada. Después escribí otro: Por favor,