El avión aterrizó poco después del amanecer.
No dormí durante el vuelo.
Ni un minuto.
Cada vez que cerraba los ojos veía a Isabella saliendo del juzgado, rodeada de periodistas, con el rostro pálido, el cabello recogido de cualquier manera y aquella expresión vacía que jamás le había visto. No era solo cansancio. No era solo tristeza. Era algo más profundo, como si la vida le hubiera arrancado partes que ya no sabía cómo recuperar.
Y después estaba el bebé.
O la ausencia del bebé.
Eso era