REBECA
Me desperté con una sensación de plenitud que me duró exactamente tres segundos. En cuanto abrí los ojos y vi la espalda desnuda de Héctor, el recuerdo de la noche anterior me golpeó como un tráiler sin frenos. Fue increíble, fue intenso, fue... un error de proporciones épicas.
—Héctor —susurré, dándole un sacudón en el hombro—. ¡Héctor, despierta ya!
—Cinco minutos más, Rebe —gruñó él, con esa voz ronca de la mañana que normalmente me derretiría, estirando el brazo para pegarme a su pec