REBECA
Las luces de la sala se encendieron de golpe mientras los últimos acordes de la banda sonora dejaban de sonar. Por un segundo hubo un silencio absoluto que me hizo apretar los puños con fuerza, sintiendo que me faltaba el aire. Luego, el lugar se vino abajo.
Las diez mil personas se pusieron de pie al mismo tiempo, el estruendo de los aplausos y los vítores retumbó en las paredes del recinto, extendiéndose en una ovación cerrada que parecía no tener fin.
—Te lo dije, escritora —Héctor me