BRUNO
Aproveché el alboroto de la prensa con Héctor y Rebeca para escabullirme hacia los pasillos traseros. Vi el vestido color vino de Majo doblando hacia la zona de los camerinos privados y aceleré el paso, aflojándome la corbata del esmoquin. Ya no podía seguir soportando este suplicio, su indiferencia me estaba volviendo loco.
La alcancé justo al lado de las vallas de seguridad del pasillo de carga. La tomé del antebrazo, obligándola a detenerse.
—Majo por favor, ya basta, tenemos que habla