HEKTOR
—¡Héctor, no te muevas o te voy a picar con un alfiler! —me amenazó Majo, jalándome bruscamente de la solapa del esmoquin para acomodarme el pañuelo.
—Estoy perfectamente bien, Majo. Deja de desquitar tu mal humor conmigo —le respondí, mirándola a través del espejo del camerino.
Majo traía un vestido de noche color vino que la hacía lucir espectacular, pero su rostro era una máscara de hielo. No despegaba los ojos de las listas de prensa, Bruno entró al camerino en ese momento, abrochánd