Me desperté antes que él.
No fue por el despertador ni por ningún ruido concreto, sino por esa sensación extraña de estar en un sitio que no es el tuyo… pero que tampoco te resulta ajeno. La luz entraba suave por las cortinas, todavía pálida, de mañana temprana. Durante unos segundos me quedé quieta, respirando despacio, escuchando el silencio de la casa.
Y entonces lo sentí.
Su presencia a mi lado. El calor. El peso tranquilo de alguien que duerme sin miedo a nada.
Giré un poco la cabeza, lo j