Media hora después

Me recosté en el sofá, respirando aún un poco acelerada. La habitación estaba tranquila, solo con el eco de la música que se había apagado y los latidos que todavía sentía en mi pecho. Adrián seguía a mi lado, cercano, rudo y silencioso, pero con esa intensidad que no podía ignorar.

—Mm… —susurré para mí misma—. Esto… esto fue demasiado.

Él me miró de reojo, con esa expresión que mezclaba satisfacción y provocación. No dijo nada, solo dejó que el silencio hablara por él, y no pude evitar sonreí
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