Me recosté en el sofá, respirando aún un poco acelerada. La habitación estaba tranquila, solo con el eco de la música que se había apagado y los latidos que todavía sentía en mi pecho. Adrián seguía a mi lado, cercano, rudo y silencioso, pero con esa intensidad que no podía ignorar.
—Mm… —susurré para mí misma—. Esto… esto fue demasiado.
Él me miró de reojo, con esa expresión que mezclaba satisfacción y provocación. No dijo nada, solo dejó que el silencio hablara por él, y no pude evitar sonreí