Era sábado por la tarde y la ciudad estaba más viva que nunca. Un evento empresarial benéfico se celebraba en el centro, y yo había sido invitada por casualidad. No esperaba encontrarme con Adrián allí, pero al cruzar la entrada, lo vi al otro lado del salón, impecable y con esa postura que siempre lograba dejarme sin aire.
—Vaya… —murmuré para mí misma, sintiendo cómo mi corazón se aceleraba—. Aquí está él.
Antes de que pudiera acercarme, un organizador me interceptó. Necesitaban a alguien que