El evento

Era sábado por la tarde y la ciudad estaba más viva que nunca. Un evento empresarial benéfico se celebraba en el centro, y yo había sido invitada por casualidad. No esperaba encontrarme con Adrián allí, pero al cruzar la entrada, lo vi al otro lado del salón, impecable y con esa postura que siempre lograba dejarme sin aire.

—Vaya… —murmuré para mí misma, sintiendo cómo mi corazón se aceleraba—. Aquí está él.

Antes de que pudiera acercarme, un organizador me interceptó. Necesitaban a alguien que presentara un segmento de la subasta benéfica, y por alguna razón, me señalaron a mí. Mi mente hizo un cortocircuito: nunca había hablado en público así. Pero antes de que pudiera rechazarlo, sentí su presencia detrás de mí.

—Tranquila —dijo, rudo y grave, casi susurrando en mi oído—. Yo te cubro. No me vas a meter en problemas.

El contacto de su aliento rozando mi oído me provocó un escalofrío. No era solo protección: había desafío y tensión en cada palabra.

—Mm… —susurré, sintiendo cómo mis mejillas se encendían—. Gracias… pero esto es un poco… inesperado.

—Hm —gruñó, provocador—. Me gusta cuando algo inesperado te pone fuera de tu zona de confort. Lo hace más interesante.

Respiré hondo y subí al escenario improvisado. Para mi sorpresa, Adrián me siguió, ayudando a organizar las piezas de la subasta y guiándome discretamente desde el escenario. Cada vez que nos cruzábamos, nuestros cuerpos se rozaban apenas, y yo sentía la tensión acumulándose de manera que era imposible ignorar.

—Bien —dijo, rudo mientras me acercaba un micrófono—. Habla con seguridad. Nadie aquí va a cuestionarte, pero si lo hicieran, yo estoy justo detrás de ti.

Sentí cómo mi corazón latía con fuerza. La forma en que hablaba, ruda pero protectora, me hacía sentir segura y a la vez expuesta. Cada vez que se inclinaba hacia mí para susurrarme algo sobre la presentación, mi respiración se aceleraba.

—Mm… —susurró, provocador—. Mantén la calma, pero no pierdas el ritmo. Que todos vean que tienes control.

Me concentré en el público, pero no podía dejar de notar cómo sus ojos me recorrían cada segundo. La tensión era palpable, y yo no podía mentir: me encantaba sentirme observada por él, sentir que cada mirada tenía intención.

Al terminar mi presentación, un invitado intentó acercarse demasiado, comentando algo que me incomodaba. Antes de que pudiera reaccionar, Adrián se situó entre nosotros, firme y rudo:

—Creo que tu atención debería estar en otra parte —dijo, sin levantar demasiado la voz pero con una autoridad que hacía que nadie se atreviera a cuestionarlo.

Mi corazón se aceleró aún más. Cada gesto suyo, cada forma de protegerme, estaba cargada de una tensión que no podía ignorar. Sus ojos me decían más de lo que sus palabras permitían: deseo, interés, y una ruda intensidad que me dejaba temblando.

—Gracias —susurré, apenas audible, mientras él se alejaba un poco—. Realmente… sabes cómo manejar estas situaciones.

—Mm… —gruñó, rudo y provocador—. Solo me aseguro de que estés bien. Y de que no olvides que estoy aquí.

El resto de la tarde transcurrió entre charlas y subastas, pero cada interacción entre nosotros tenía carga. Cada roce accidental, cada mirada prolongada, cada gesto de ruda protección aumentaba la tensión. Yo empezaba a aceptar que no podía seguir negando lo que sentía: cada vez que Adrián estaba cerca, mi corazón se descontrolaba, y mis pensamientos solo giraban en torno a él.

Al final del evento, mientras nos despedíamos de los invitados, Adrián se inclinó ligeramente hacia mí, rudo y provocador:

—Hoy lo hiciste bien —susurró—. Pero no creas que voy a dejar que te olvides de esta sensación.

—Mm… —susurré, sintiendo cómo mi respiración se aceleraba—. No creo que pueda olvidarlo… ni quiera hacerlo.

Mientras caminábamos hacia la salida, cada gesto suyo, cada roce, cada palabra susurrada me hacía más consciente de la intensidad de lo que estaba entre nosotros. Sabía que esto era solo el principio: cada encuentro me acercaba más a un límite que aún no estaba lista para enfrentar, y cada momento me dejaba más atrapada en él.

Con Adrián, cada instante era imprevisible, intenso y lleno de emociones que no podía ignorar. Y yo empezaba a aceptar, aunque con miedo, que lo que sentía por él estaba creciendo y no había vuelta atrás.

Continue lendo este livro gratuitamente
Digitalize o código para baixar o App
Explore e leia boas novelas gratuitamente
Acesso gratuito a um vasto número de boas novelas no aplicativo BueNovela. Baixe os livros que você gosta e leia em qualquer lugar e a qualquer hora.
Leia livros gratuitamente no aplicativo
Digitalize o código para ler no App