No sabía que seis meses y dos semanas podían pesar tanto.
Siempre había contado el embarazo como quien cuenta una meta. Cinco meses. Seis. “Ya casi”. Pero ahora el tiempo no era ilusión, era responsabilidad. Cada semana era un latido más fuerte. Un movimiento más claro. Una vida que no entendía nada del caos de los adultos.
Me senté en la cama y apoyé las manos sobre la barriga. Estaba dura. Tensa. No sé si por mí o por él.
Seis meses y dos semanas.
Mi hija ya escuchaba sonidos. Ya distinguía m