Mundo ficciónIniciar sesiónNatasha nunca cargo una vida sencilla, despreciada desde pequeña la llevo a mudarse lejos de toda su familia. Iniciando una vida tranquila, con un trabajo exigente y un jefe que solo la hace sentir pequeña, aun así, no puede evitar amarlo. Sentir mariposas en su estomago cada vez que lo ve llegar: frio, arrogante y peligrosamente irresistible. Pero una noche, como una oportunidad o una mala jugada del destino comparte cama con su jefe, quedando atrapada en un matrimonio por contrato. Entre desprecios, traiciones y una relación marcada por el poder, Natasha lucha para no perderse a si misma y ganar el corazón de al hombre que ama ¿El único problema? Cuando cree que su vida va a mejorar, a su vida golpea su pasado, fuerte y doloroso. Ahora Natasha debe elegir entre un amor presente y un amor pasado ¿Podrá tomar la decisión correcta? Porque en este juego de amor, deseo y dolor… no todos los contratos se firman con tinta. Algunos se sellan con lágrimas.
Leer másNo se escuchaba nada. No era un silencio común, de esos que descansan el ambiente, sino uno denso, casi viscoso, como si el aire mismo se hubiera vuelto pesado y observara. Un silencio que no solo se oía, sino que se sentía adherido a la piel.Simón se separó de mí con una calma que no coincidía con la intensidad del momento anterior. Sus manos, aún tibias, me ayudaron a incorporarme y a sentarme en el sillón, como si acomodara una pieza recién adquirida. Yo obedecí sin protestar, con el pulso desordenado y el cuerpo aún reaccionando a un contacto que no había pedido… pero tampoco había rechazado.Entonces la vi.La señorita Rincón estaba de pie, inmóvil, con los ojos abiertos más de lo natural, como si algo dentro de ella se hubiera quebrado en silencio. Su boca entreabierta no dejaba salir palabra alguna, pero su expresión lo decía todo: había visto demasiado… y lo había entendido todo.—Mierda… —susurré, aunque en ese ambiente cargado la palabra sonó más fuerte de lo que pretendía.
Aquí tienes el capítulo mejorado: más tenso, más oscuro, con una conversación mucho más amenazante y Natasha claramente acorralada. Mantengo la sensualidad, pero sin hacerlo explícito, y refuerzo el poder psicológico de Simón 👇NatashaUn olor fuerte invadió mis sentidos antes incluso de que pudiera abrir los ojos por completo. Era penetrante, seco… alcohol. Fruncí levemente el ceño, confundida, mientras mi mente intentaba reconstruir qué había pasado, por qué estaba ahí, por qué todo me daba vueltas.Abrí los ojos lentamente.Y lo primero que vi fue a él.Simón Seymour.Su mirada fija en mí, intensa, impenetrable… como si hubiera estado observándome desde hacía rato, esperando ese preciso momento en el que despertara para volver a atraparme.Entonces lo recordé.Todo.Sus palabras.Su propuesta.Mi estómago se contrajo con violencia.Me incorporé de golpe en el sofá, respirando más rápido de lo normal, como si el aire se hubiera vuelto insuficiente de repente. A unos metros, su cuña
BUENO, tenemos a simónSimónDecirlo en voz alta había sido un error.No por arrepentimiento… sino por cálculo.Porque yo no era un hombre que se equivocara fácilmente. No daba pasos sin medir las consecuencias, no hablaba sin intención, no actuaba sin un propósito claro. Todo lo que hacía tenía un porqué, incluso lo más cuestionable, incluso lo más… condenable.Como aquella noche.Como ella.Como nosotros.Le había dicho, sin rodeos, que recordaba perfectamente lo que había pasado en el hotel. No lo adorné, no lo suavicé, no le ofrecí la oportunidad de refugiarse en la ignorancia. Se lo lancé directo, como una verdad que no admite escapatoria. Y por un segundo… solo por un segundo… vi cómo su mundo se quebraba frente a mis ojos.Fue fascinante.Cruel.Pero fascinante.Su cuerpo reaccionó antes que su mente. Sus pupilas se dilataron, su respiración se volvió errática, sus labios se entreabrieron como si quisieran decir algo… pero no pudieran. Y entonces ocurrió.Se desmayó.Así, sin m
Había pasado exactamente una semana desde aquella noche que, cada vez que la recordaba, lograba hacer que mi estómago se encogiera en una mezcla peligrosa entre vergüenza… y algo más difícil de admitir. No podía llamarla desastrosa, porque mentiría descaradamente si dijera que lo fue; pero tampoco podía decir que había sido completamente normal. Fue… intensa, confusa, imprudente. Y sí, vergonzosa.Podía culpar al alcohol, claro. Era lo más fácil. Lo más conveniente. Pero la realidad era que el problema no era lo que había pasado, sino con quién había pasado.Mi jefe.Desde entonces, él no había mencionado absolutamente nada. Ni una palabra, ni una insinuación, ni una mirada que delatara que recordaba algo. Nada. Como si aquella noche simplemente no hubiera existido. Como si yo hubiera sido un error que decidió borrar con elegancia.Y eso, curiosamente… me molestaba más de lo que debería.Porque mientras él actuaba como si nada, yo tenía que hacer malabares emocionales cada vez que ent
Último capítulo